Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1

Cual es la Fe que Salva

«He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír» (Isaías 59.1).

Hechos 2.21 cita: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo». Muchos años atrás, un famoso y escéptico abogado norteamericano dictaba conferencias contra el cristianismo. Después de algún tiempo, en cierta ocasión él llegó a una congregación y pidió hablar con los líderes porque deseaba incorporarse, habló muy entusiasmado de su fe en Cristo. Asombrado, el pastor le preguntó cuál había sido el motivo de su transformación, pues él lo conocía por ser un gran adversario de la iglesia del Señor. El abogado habló de un juez que fue el responsable de su conversión; le explicó: «Yo miraba en su cara algo que no podía entender. Era una luz, un gozo y una paz tan real… Nosotros nunca hablamos de asuntos religiosos, mas el resplandor de su rostro me impresionó tremendamente. Durante algún tiempo, sin que él supiera, estudié su expresión con la misma determinación con la que estudio las evidencias en mi trabajo de abogado. La conclusión a la que llegué fue que tal resplandor en su rostro se debía a su devoción y la fe en el Señor Jesucristo. Esto fue exactamente lo que me convenció de la verdad del cristianismo. Entonces invoqué al Señor con humildad y entregué mi corazón a Cristo por medio de la fe, nací de nuevo».

Tal vez usted ya sea cristiano como este abogado, o quizá usted todavía no ha experimentado esta maravillosa transformación por medio de la conversión a Cristo. Todo ser humano necesita llenar el vacío de su corazón con algo, Tolstoi dijo: «Hay un vacío en el corazón del hombre que solamente Dios puede llenar». Muchos tratan de llenar este vacío por medio del dinero, otros con drogas, sexo, estudio, diversión, trabajo, deporte, viajes, etc., mas no lo pueden hacer, ¿por qué? Porque es un vacío de naturaleza espiritual, éste solo puede ser llenado por medio de la comunión del ser humano con su Creador, mediante la conversión por la fe en Cristo Jesús. Pero, ¿qué es realmente la fe? De tantas definiciones teológicas que hay se puede resumir, de manera sencilla que:

1. La fe se centra en Cristo.

Efesios 3.11, 12 cita: «Conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él». La fe es Cristocéntrica. En Él tenemos seguridad, Él es la razón de nuestra fe. Colosenses 1.4 dice: «Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús». ¡La fe es en Él! No en nosotros mismos, ni en nuestra experiencia o en nuestra sabiduría, no en nuestra capacidad, sino en Él. Colosenses 2.5b también afirma: «…gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo».

2.La fe se centra en la Palabra de Dios.

Romanos 10.17 explica: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». Es por medio de leer, estudiar y escuchar la Palabra de Dios, que su fe crecerá. La fe no es tener una idea de que Cristo existe o saber algo sobre Cristo, es creer personalmente en Él; la fe no es un salto a la oscuridad, es la lógica de la Palabra de Dios que es alimentada y nutrida por su poder. La fe no es esperanza, ambas están relacionadas, mas no son lo mismo: esperanza es el deseo del corazón, fe es el fundamento; la esperanza dice: «Yo espero ir al cielo», la fe dice: «¡Yo iré al cielo!» La fe no es una emoción, es una convicción que da el Espíritu Santo. La fe no es un principio inerte, estático, quieto; la fe es viva, es real. Hebreos 4.12 declara: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz». ¡Es viva! La palabra «eficaz » proviene del griego energes, de la cual se deriva la palabra «enérgico ». Energes es algo en acción: activo y efectivo, es lo opuesto de la palabra griega argos: «ocioso, inactivo e ineficaz». Ponga este concepto dentro de su mente, espíritu, alma y corazón: Si nuestra fe es una semilla viva, nacida de la confianza en Dios, nutrida por el Espíritu Santo y regada por la Palabra de Dios, ella producirá frutos en nuestras vidas. ¿Cuáles frutos? Gálatas 5.22, 23 esclarece: «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, FE, mansedumbre y templanza»